El anuncio ha generado un gran revuelo, no tanto por el contenido del mensaje sino por quién lo lanzó primero: el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Apenas una semana después de sus declaraciones en redes, Coca-Cola ha confirmado oficialmente que a partir de este otoño lanzará una nueva versión de su emblemático refresco, esta vez edulcorado con azúcar de caña producida localmente.
Un cambio que, aunque limitado por ahora al mercado estadounidense, ha reabierto el debate sobre los ingredientes utilizados en refrescos globales y su impacto en la salud y la percepción del consumidor.
¿Por qué Coca-Cola cambia su fórmula en Estados Unidos?
Según la propia compañía, esta modificación responde a su «agenda de innovación continua». No se trata de sustituir su receta clásica, sino de ofrecer una nueva alternativa dentro de su catálogo. El objetivo es ampliar la gama de productos disponibles y adaptarse mejor a las preferencias de los consumidores que buscan opciones con ingredientes más reconocibles o percibidos como “más naturales”.
Este movimiento tiene también un componente estratégico: acercarse a una parte del público que ha criticado el uso del jarabe de maíz de alta fructosa (high fructose corn syrup), un ingrediente que lleva décadas presente en las bebidas que se comercializan en Estados Unidos y que, a diferencia de lo que ocurre en España y otros países, se ha mantenido como principal edulcorante por razones de coste.

Trump y el efecto mediático: ¿una decisión empresarial o política?
El pasado mes de julio, Donald Trump sorprendió al publicar en su red social TruthSocial que había mantenido conversaciones directas con Coca-Cola para promover el uso de azúcar de caña. “Han accedido”, aseguró, refiriéndose al supuesto acuerdo alcanzado con la marca.
Coca-Cola reaccionó entonces con cautela, agradeciendo “el entusiasmo del presidente Trump por nuestra icónica marca”, pero sin confirmar ni desmentir el contenido de esas conversaciones. La confirmación oficial, sin embargo, ha llegado pocos días después, dejando claro que la nueva receta será una realidad este otoño.
¿Se trata de una concesión a las presiones políticas o simplemente una evolución de producto prevista desde hace tiempo? La respuesta oficial se inclina por lo segundo, aunque el momento del anuncio ha levantado sospechas sobre el peso real de la Casa Blanca en esta decisión.
¿Qué cambia exactamente en la nueva Coca-Cola?
La diferencia clave entre esta nueva versión y la actual que se vende en Estados Unidos es el edulcorante. Hasta ahora, la fórmula estadounidense incluía jarabe de maíz de alta fructosa, un ingrediente criticado por sus posibles efectos metabólicos negativos y por ser percibido como “menos saludable” en comparación con el azúcar tradicional.
Con el cambio anunciado, se utilizará azúcar de caña cultivada en EE. UU., alineando el producto más con estándares de otros países como España, donde Coca-Cola utiliza azúcar como base desde hace décadas. No se ha confirmado si este cambio afectará al sabor, pero sí se sabe que coexistirá con la fórmula original, por lo que habrá dos versiones del mismo producto.
¿Veremos este cambio también en Europa?
Por el momento, no hay indicios de que esta modificación vaya a extenderse al mercado europeo. De hecho, en países como España, el uso de azúcar (en lugar de jarabe de maíz) ya es la norma. No obstante, este paso podría abrir la puerta a nuevas líneas de producto que refuercen ese posicionamiento “más natural” que muchas marcas están explorando.















